posees la mirada de la lluvia;
Como las cigarras huyendo de la lluvia.
¡No! Posees la mirada del olvido Allí donde reposan tus niñas, la siembra el olvido.
Yo, fui una figura más en tu triste carrera al ocaso.
-una de tantas.- gimen tus ojos sin hablar tu voz-
En ocasiones, cuando te contemplo determinantemente, aun
Consigo verme, tan solo un poquito; muy diluido ya,
En tu acuoso elemento, esmeril sin faz.
Tú, ni lo percibes; pues, a menudo, detienes la vista
Por lugares, sin saber que una vez estuviste allí.
Sólo son un tenue reflejo.
Pero, ¿qué es nuestra vida, sino un juego de espejos contrapuestos?
Detentas la ternura desprendiéndose en esos labios tuyos
Siempre solo lo preciso
En esa tenue frontera que es la comisura, lindante
Entre lo que vas a proferir y lo que no vas a decir.
Y casi siempre es eso último, lo que más daño infringe.
Nunca me tienes en boca, porque ya no sabes de mí.
Y no sabes de mí, porque nunca me supiste. Nunca me tuviste.
Aunque tu manifestabas, a menudo, lo contrario.
Para tenerme, hubieras debido, primero, tenerte a ti misma.
Y como bien sabes, y apenas disimulas, no te tienes.
Tenerme o no tenerme…, apenas, ya importa,
Pero el recuerdo… ¡ah, el recuerdo! A nadie se le puede
Privar del recuerdo. O debiera decir, del olvido.
Porque en este juego continuo, en este periplo sin fin,
Nos sabemos y nos dejamos. Apenas recordamos.
Para, posteriormente, olvidar.
Pero el Olvido Absoluto.
Existe algo más aterrador –dime querida- que el Absoluto Olvido.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario