viernes, 16 de diciembre de 2011

Vagabundo por inercia del silencio.

Vagabundo por inercia del silencio.
Siempre arribo cuando ya ha llovido.
Tras los pasos silentes me deslizo.
¡Qué al olvido; olvido!

Príncipe sin trono, ni destreza.
Los cadáveres con su sangre, me entronizan.
Mil pendones enhiestos me coronan.
¡Y al silencio; silencio!

Ese arpegio último que es mi suspiro.
Qué en la vernal noche se eleva y eleva.
No alcanza, sin embargo, cota alguna.
¡Y al dolor; dolor!

Ya sin sentido he de verme.
Ni en este mundo, ni de este mundo he sido.
Parto, pues silente y mudo. Desnudo.
Qué al adiós; ¿adiós?

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