Vagabundo por inercia del silencio.
Siempre arribo cuando ya ha llovido.
Tras los pasos silentes me deslizo.
¡Qué al olvido; olvido!
Príncipe sin trono, ni destreza.
Los cadáveres con su sangre, me entronizan.
Mil pendones enhiestos me coronan.
¡Y al silencio; silencio!
Ese arpegio último que es mi suspiro.
Qué en la vernal noche se eleva y eleva.
No alcanza, sin embargo, cota alguna.
¡Y al dolor; dolor!
Ya sin sentido he de verme.
Ni en este mundo, ni de este mundo he sido.
Parto, pues silente y mudo. Desnudo.
Qué al adiós; ¿adiós?
No hay comentarios:
Publicar un comentario